lunes, 12 de febrero de 2018

"Lázaro", de Mario Benedetti

 Un tal Lázaro Vélez se incorporó en su tumba, se despojó lentamente de su sudario, abandonó el camposanto y empezó a caminar en dirección a su casa. A medida que iba siendo reconocido, los vecinos se acercaban a abrazarlo, le daban ropas para que cubriera su desnudez, lo felicitaban, le palmeaban la espalda huesuda.
          Sin embargo, a medida que la voz se fue corriendo, la bienvenida ya no fue tan cálida. Un hombre que había ocupado su vacante en la sucursal de Correos, le increpó duramente: «Tu regreso no me alegra. Vas a reclamar tu puesto y quizá te lo den. O sea que yo me quedaré en la calle. Recuerda que en mi casa tengo cinco bocas para alimentar. Prefiero que te vayas. »
          La viuda de Lázaro Vélez, que, pasado un tiempo prudencial, se había vuelto a casar, le incriminó: «¿Y ahora qué? ¿Acaso pretendes que me condenen por bígama? Si quieres que sea feliz, desaparece de mi vida, por favor. »
          Un sobrino, que en su momento había heredado sus cuatro vacas y sus seis ovejas, le reprochó airado: «No pretenderás que te devuelva lo que ahora es legalmente mío. Vete, viejo, y no molestes más.»
          Lázaro Vélez resolvió no seguir avanzando. Más bien comenzó a retroceder, y a medida que desandaba el camino se iba despojando de las ropas que al principio le habían brindado.
          Por fin, un viejo amigo que lo reconoció y no le reprochó nada (quizá porque nada tenía) se acercó a preguntarle: «Y ahora ¿a dónde irás?» Y Lázaro Vélez respondió: «A recuperar mi sudario."
(Mario Benedetti, Cuentos completos. Alfaguara)

lunes, 1 de enero de 2018

Feliz año 2018

(...) Día
del año
nuevo,
día eléctrico, fresco,
todas
las hojas salen verdes
del
tronco de tu tiempo.

Corónanos
con
agua,
con jazmines
abiertos,
con todos los aromas
desplegados,
sí,
aunque
sólo
seas
un día,
un pobre
día humano,
tu aureola
palpita
sobre tantos
cansados
corazones,
y eres,
oh día
nuevo,
oh nube venidera,
pan nunca visto,
torre
permanente.

(Pablo Neruda, "Oda al primer día del año")

jueves, 16 de noviembre de 2017

Sgeun un etsduio de una uivenrsdiad ignlsea, no ipmotra el odren en el que las ltears etsan ersciats, la uicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlima ltera esetn ecsritas en la psiocion cocrrtea. 
El rsteo peuden etsar ttaolmntee mal y aun pordas lerelo sin pobrleams. 
Etso es pquore no lemeos cada ltera por si msima, snio la paalbra en un tdoo.

Concisión

El pescadero rotuló sobre la entrada de su tienda: "AQUÍ SE VENDE PESCADO FRESCO". Pasó un vecino y le dijo: "Es obvio que es 'aquí', no hace falta escribirlo". Y borró el AQUÍ. Pasó otro vecino y le dijo: "Es innecesario escribir 'se vende', ¿o acaso regala usted el pescado?". Y borró el SE VENDE. Y sólo quedó PESCADO FRESCO. Sí. Y pasó otro vecino y dijo: "¿Acaso cree que alguien piensa que vende pescado podrido, que escribe 'fresco'...?". Y borró FRESCO. Ya sólo figuraba PESCADO. Así fue... hasta que otro vecino pasó y le dijo al pescadero: "¿Por qué escribe 'pescado'? ¿Acaso alguien dudaría de que se vende otra cosa que pescado, con el olor que sale de aquí?". Así que el pescadero quitó las palabras que escribió sobre la entrada de su tienda... (Eduardo Galeano).

Hipocorísticos

Se denominan así los apodos cariñosos, habitualmente de origen familiar, formados mediante alteraciones de los nombres originales, tales como Paco, Charo o Lola, incluso a partir de la pronunciación errónea de los niños que están aprendiendo a hablar.
La palabra llegó al español por vía culta, procedente del griego hypokoristikós 'acariciante', derivada de hypokorizomai 'hablar como los niños pequeños'. En la composición de este último término está contenida la palabra griega koré 'niña'.
Esta voz está registrada en castellano por lo menos desde 1867, pero apareció por primera vez en el Diccionario de la Academia en la edición de 1927. (La página del idioma español).

¿Imprimido o impreso?

Imprimir. ‘Marcar sobre papel u otra materia [un texto, un dibujo, etc.] por medios mecánicos o electrónicos’ y ‘dar a alguien o algo [un determinado carácter, estilo, etc.]’. Tiene dos participios: el regular imprimido y el irregular impreso. Aunque existe hoy una clara tendencia, más acusada en América que en España, a preferir el uso de la forma irregular impreso, ambos participios pueden utilizarse indistintamente en la formación de los tiempos compuestos y de la pasiva perifrástica: «Habían impreso en su lugar billetes de a cien» (GaMárquez Amor [Col. 1985]); «La obra [...] circulaba dos años después de haber sido impresa en una ciudad protestante» (Trabulse Orígenes [Méx. 1994]); «En total se han imprimido 35 000 carteles» (Mundo [Esp.] 11.11.96); «Esta obra ha sido imprimida por La Torre de Papel» (Prensa [Nic.] 21.10.97). En función adjetiva se prefiere en todo el ámbito hispánico la forma irregular impreso: «Contempló una vez más la imagen impresa en la tarjeta postal» (Martini Fantasma [Arg. 1986]) (Diccionario Panhispánico de Dudas).

martes, 22 de agosto de 2017

Los restos del día, de Kazuo Ishiguro (edición de Anagrama)

Con la contención y las medias palabras propias de un inglés típico (que quizá puede ser también la austeridad sentimental de un japonés corriente, teniendo en cuenta la ascendencia de Ishiguro), mister Stevens, al servicio de Darlington Hall, una importante mansión, reflexiona sobre la condición de mayordomo mientras disfruta de unos días de vacaciones que va a aprovechar para visitar a su antigua compañera de trabajo, el ama de llaves miss Kenton con la excusa de recuperar sus servicios.  Nos encontramos en 1956. El mundo que Stevens ha conocido, con todo el boato de las grandes mansiones, ha desaparecido. Lord Darlington ha fallecido. La casa y el propio mayordomo han sido adquiridos por un adinerado norteamericano que busca una genuina mansión inglesa y un criado a la antigua usanza.
A través de sus recuerdos, muchas veces aparentemente anodinos, Stevens transmite su cosmovisión: el sentido de la responsabilidad que su padre le transmitió le ha llevado a permanecer fiel a su señor, lord Darlington, durante treinta años, olvidándose de su propia vida, de sus propios afectos, con el fin de servir a una causa que creía noble y que iba a contribuir a la paz de Europa. Por la gran mansión desfilaron importantes personalidades que protagonizaron el ambiente prebélico de los años treinta intentando evitar una segunda guerra mundial. Lord Darlington, excombatiente de la Gran Guerra, reunió al embajador alemán de Hitler con políticos europeos a fin de intentar compensar las duras condiciones impuestas por el Tratado de Versalles. Los alemanes se aprovecharon de su buena voluntad y su falta de profesionalidad para utilizarlo en la defensa de sus intereses, lo que finalmente le costó el rechazo y la crítica. Así, Stevens, que se enorgullece de su "dignidad", que le ha llevado a entregar su vida a la causa defendida por su señor, ve que todo ha perdido su sentido porque lord Darlington ha elegido el camino equivocado ("Durante todos aquellos años en que le serví, tuve la certeza de estar haciendo algo de provecho. Pero ahora ni siquiera puedo decir que me equivoqué", p. 251). Criado y señor han unido su destino, pero el criado nunca deja de serlo por más que intente asimilarse a su amo.
Finalmente, Stevens, que ha ido desgranando pequeñas anécdotas en primera persona mientras viajaba en coche hacia Cornualles, se encuentra con miss Kenton y así confirmamos que han dejado su vida escapar, que han perdido sus mejores años y que lo que queda del día no parece muy prometedor, aunque hay que seguir adelante ("Basta con que intentemos al menos aportar nuestro granito de arena para conseguir algo noble y sincero", pág. 252).
Además de la recreación del período de entreguerras, lo más destacable de esta novela es precisamente la contención, el retrato de este mayordomo que por mostrar dignidad, por ese sentido del deber que ha regido su vida, ha renunciado a mostrar sus sentimientos ("se trata de no desnudarse en público", p. 218), a despedirse de su padre, al amor, a todo lo que podía dar sentido a su vida. Es, por tanto, también una reflexión sobre la incapacidad de vivir de algunos seres humanos y eso hace a esta novela universal y necesaria.
La película Lo que queda del día refleja muy bien el ambiente, la atmósfera de esta novela, con los magníficos Anthony Hopkins y Emma Thompson.