Maggie O´Farrell, El retrato de casada. Tr.
Concha Cardeñoso. 2023. Libros del Asteroide
En la “referencia histórica”,
se dice que en 1560, a los 15 años de edad, Lucrezia di Cosimo de Medici,
florentina, se casó con el duque de Ferrara, Alfonso II d´Este. Murió antes de
cumplirse un año a causa de unas “fiebres pútridas”, según se dijo
oficialmente, pero existió el rumor de que su marido la había asesinado.
Maggie O´Farrell conoció a
Lucrezia gracias al poema de Robert Browning “Mi última duquesa”, que presenta
al duque de Ferrara jactándose de “haber dado instrucciones precisas” para que
“se apagaran de golpe las sonrisas” (que ella prodigaba). El poema la impactó
tanto que buscó el cuadro de Agnolo Bronzino de la duquesa: “En la mayor parte
de retratos de esta época siempre aparecen con expresiones un poco neutras,
pero a mí me dio la sensación de que ella ya parecía preocupada. (Su visión)
fue como un relámpago que disparó la escritura de esta novela”, contó la autora
cuando presentó su obra en Madrid.
O`Farrell contó únicamente con
las cartas entre los padres de la duquesa, Cosimo y Eleanora, que solo
mencionan a Lucrezia en dos ocasiones: para señalar que era muy soñadora y
cuando comentan que está enferma. Eleanora favorece siempre a los hijos varones
y Cosimo siente debilidad por su hija Isabella. Pero, como señala un artículo
de “The Objective", esa escasez de datos favorece a la autora porque le permite
crear una historia muy libre a partir de un hecho histórico (lo mismo que hizo
en Hamnet).
La novela dedica las cien
primeras páginas a relatar la infancia de Lucrezia en Florencia, pero son
continuos los saltos en el tiempo, de 1561, cuando es consciente de que su
marido la está envenenando, a 1560, el año de su boda (en realidad, se casa a los
13 años, aunque es a los 15 cuando parte a Ferrara con el duque, que ha vuelto
de la guerra), al momento de su concepción, de sus primeros años, de su
adolescencia… saltos atrás y adelante que van recuperando situaciones vitales
fundamentales.
Lucrezia es la quinta hija del
duque Cosimo de Medici y de Eleonora, una dama española a la que las gentes de
la Toscana llaman “la Fecundissima”. En el “palazzo”, Cosimo y Eleonora son
felices, se aman, se respetan y Eleonora participa en la toma de decisiones de
su marido, hace y deshace, organiza y siempre está activa. Tienen tres hijas: Maria, Isabella y Lucrezia y, pasados unos años, nacerán los dos pequeños. Lucrezia se lleva varios años con unos y con otros y se encuentra
sola, inadaptada y rechazada porque es diferente. Se muestra desde muy
pequeña como un ser curioso, rebelde y creativo. Pinta maravillosamente y
sorprende a sus propios maestros. Siempre escucha las conversaciones de palacio
y le atraen poderosamente la atención los animales, sobre todo la tigresa que
lleva el duque a palacio para impresionar a las visitas, junto a otros muchos
animales exóticos. Cuando consigue ir a verla a su jaula con sus hermanos,
llega a introducir la mano y tocarla, y desde entonces la ven como un ser
todavía más extraño. Esa identificación con la tigresa, que luego morirá
atacada por los leones tras un descuido de los cuidadores, que dejan las jaulas
abiertas, impregna toda la novela: Lucrezia es también atacada y cercada y,
como la tigresa, se defiende hasta el final y lucha por su libertad.
La madre ve a Lucrezia muy
diferente a sus otros hijos, tan dulces y obedientes, y estos se burlan de la
niña y la sienten extraña.
El destino de Lucrezia queda
fijado de repente cuando su hermana Maria, que estaba comprometida con el duque
de Ferrara, muere de unas fiebres y este pide la mano de la niña, nueve años
menor que él y a la que solo ha visto una vez de lejos.
Sofia, aya de todos los hijos de Eleonora, consigue engañar a los emisarios del duque asegurándoles que ella es una niña aún y así se suspende durante un año la boda.
Al principio, Alfonso se muestra cortés, enamorado y paciente, pero pronto ella será consciente de que tiene dos caras, como Jano, y una de ellas es brutal. Lo definen dos características: por un lado, que considera a Lucrezia su posesión más valiosa, puesto que será la madre de sus hijos, los herederos del ducado. Y, por otro, que debe mostrarse inflexible y brutal para gobernar el ducado, como le han enseñado y como se enseña a los hombres de su posición. Tras una estancia de los recién casados en la “deliza”, una pequeña estancia cerca de Ferrara donde Lucrezia goza, por primera vez, de cierta libertad, y donde conoce a Jacopo, el aprendiz de pintor al que salva la vida, parten a Ferrara. Allí se encuentran dos de las hermanas de Alfonso, Elisabetta, dulce, cercana, y Nunciata, desde el principio hostil a Lucrezia. La madre de Alfonso y su otra hermana se han ido a Francia sin su permiso y serían un peligro para el futuro del ducado si la hermana se casara y tuviera el hijo que no es capaz de tener Alfonso.
Un episodio muy trágico cambia la visión que Lucrezia tiene de su esposo, trueca el amor en miedo. Entonces Lucrezia comienza a ser consciente del peligro en que se encuentra. Y, mientras, posa para el retrato que le ha prometido su esposo. El cuadro captará una belleza que poco a poco se irá marchitando al mismo tiempo que Lucrezia acepta su destino. Pero entonces interviene Jacopo ...
Lo mejor de la novela, como en
Hamnet, es el estilo, la prosa poética en las detalladas descripciones, exacta,
también la creación de una intriga constante, que va desvelando poco a poco la
causa del peligro que acecha a Lucrezia, la creación de personajes (el único un
poco arquetípico es Alfonso, pero responde a la educación de la época), la
universalidad de los sentimientos recreados… Todo ello convierte esta novela en
inolvidable y devuelve a la vida a esta joven duquesa de trágico destino.
Como novela histórica, no
puede aportar muchos datos reales, pero está muy bien documentada. En ella
aparecen las clases sociales, las comidas, las fiestas, los ambientes del
Renacimiento. A algunos críticos les ha decepcionado porque la ven como una novela
de tesis feminista, y no es así: O`Farrell se pone en la piel de esas niñas
vigiladas por sus padres que se casaban contra su voluntad, enviadas lejos de
sus familias, esas niñas que nunca gozaban de libertad porque del control
parental pasaban al control de sus maridos. Lucrezia las representa, y también
a las mujeres que hoy viven situaciones semejantes.
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