lunes, 3 de enero de 2011

Los escritores siempre saben expresar lo que todos sentimos...

"Sinceramente, la maldad de las cosas me supera: ya no hablo de los espejos, siempre listos para descubrirnos defectos, hablo de los capuchones de bolígrafo que saltan sabe Dios adónde, del monedero que nunca está donde lo hemos dejado, de las zapatillas de las que solo encontramos la derecha cuando las buscamos con el pie, de las llaves de casa que salieron solas de la cerradura de la entrada y nos obligan a vaciar todos los bolsillos y todos los bolsos en la mesa, sin hablar de las esquinas de los muebles dispuestas a hacernos daño, los vasos que se nos van de las manos al limpiarlos y dejan esquirlas que las escobas no notan y que al enfermero del ambulatorio le cuesta horas sacar con un alfiler..." (A. Lobo Antunes, Exhortación a los cocodrilos. Siruela).

1 comentario:

Inés dijo...

Por no hablar de la antipatía del metro, que arranca justo cuando llegamos al andén; de la inoportunidad de la lluvia, que aparece cuando hemos decidido dejar el paraguas en casa, y se demora cuando hemos optado por cargar con él durante toda la jornada; o de las hipócritas ojeras, invisibles a la hora de acostarnos, rostro radiante, y tan presentes ante un evento importante... ¡Es la batalla diaria contra los elementos cotidianos, resentidos que se creen muy importantes!