viernes, 22 de noviembre de 2013

Fiódor Dostoievski, El idiota

Si queréis profundizar en esta obra, existe una ingente bibliografía a vuestra disposición. En este blog ya sabéis que solo pretendo incitar a la lectura, dar algunas pinceladas que animen a leer el libro. Con esa intención cometo la osadía de hablar de obras clásicas tan importantes como esta. 
Conocí al príncipe Myshkin a través de los ojos de Akira Kurosawa y de los gestos cargados de expresividad del gran Toshirô Mifune. La recuerdo como una película cadenciosa y sosegada en la que los ojos de los personajes dicen todo sobre sus sentimientos. 
El libro, como otros de Dostoievski, como muchas novelas de mediados del siglo XIX, dibuja una pintura tan completa y a la vez tan universal de la sociedad rusa que puede representar a cualquier sociedad decadente, pero lo más destacable, como en Crimen y castigo con Raskolnikov, es el retrato del protagonista. Myshkin demuestra que la bondad y la candidez no permiten alcanzar la felicidad en un mundo hipócrita y perverso. Todos admiran a Myshkin y se sienten subyugados por su extraña personalidad. El príncipe es un ser enfermo de epilepsia que ha vuelto de Suiza tras pasar unos años reponiéndose de su mal. Llega a San Petersburgo con la inocencia de un niño porque no ha tenido vida social. Esa inocencia no la perderá nunca, pero irá descubriendo con nitidez la falsedad de la clase alta, su "educado" saber estar. Myshkin es culto, es inteligente, capta con una profundidad inusual el fondo de cada alma, dice lo que piensa y, como eso es tan raro en la sociedad que frecuenta, es tachado de "extravagante" cuando no de "idiota". Su capacidad introspectiva es tal que  no puede permitirse ninguna concesión amoral. Por no hacer daño a nadie, por apiadarse de todos, por perdonar cualquier agravio termina destrozando la vida de quien más quiere, de la orgullosa Aglaya, su amor imposible. Finalmente, su sensibilidad enfermiza no le permitirá aceptar un mundo donde los seres inocentes no tienen cabida.
Todos los personajes tienen relevancia. Son seres torturados por la codicia, por la maldad, por el orgullo, por la mentira, por   haber sido mancillados y no poder perdonarse la ignominia (Nastasia Filippovna, ese personaje tan humano y tan lleno de matices)...
En los últimos capítulos, el narrador, que nunca fue del todo omnisciente, reconstruye los últimos episodios de la historia (no puedo ser más explícita sin revelar el final) a partir de los recuerdos y las opiniones de los personajes que vivieron alrededor del príncipe, como en una novela detectivesca. Este recurso aporta verosimilitud y resulta muy actual. Como son actuales las opiniones del escritor ruso o su nihilismo exacerbado. 

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