lunes, 15 de julio de 2013

Jane Austen, Mansfield Park

En las novelas de Jane Austen, lo de menos es el argumento. No voy a contar en qué cuento se inspira porque no me gustaría desvelar el final, pero pronto os daréis cuenta. Lo importante de sus novelas es la introspección, la disección que realiza de los sentimientos, el estudio psicológico que nos muestra. Los personajes dialogan sobre cualquier cuestión con tal sutileza que descubrimos un mundo infinito de matices. Las descripciones de sus temperamentos y caracteres son prolijas y están llenas de matices. Esta sutileza está aquí enmarcada en una estructura casi perfecta (quizá el final es demasiado precipitado teniendo en cuenta el ritmo lento del resto del libro, pero también lo es el comienzo, que resume en pocas líneas el principio de todo, para continuar in media res). 
Tres bellas hermanas de clase alta escogen con mayor o menor acierto pareja, lo que determina todo su futuro. No se trata aquí de casarse por amor sino de saber elegir lo más conveniente, es decir, la posición social. María hace la mejor elección, casándose con sir Thomas Bertram, de Mansfield Park. Sus hermanas no saben aprovechar la ventaja social que ese hecho conlleva y tienen que conformarse respectivamente con un reverendo (Mrs Norris)  y con un teniente de marina sin educación ni fortuna (Mrs Frances). Las hermanas mayores rompen su relación con la pequeña, que no ha pedido opinión sobre su compromiso y no la recobran hasta once años después, cuando, cargada de hijos, Frances reanuda la relación epistolar con su familia. Con el fin de ayudarla a llevar su pesada carga familiar, los Bertram acogen a la hija mayor de Frances, Fanny, que será criada y educada como una dama. Las dudas que surgen antes de tomar la decisión determinarán el resto de la obra: ¿cómo deberán educar a la sobrina para que no se crea igual a sus primas, superiores en rango, fortuna, derechos y aspiraciones? ¿no existirá el riesgo de que sus hijos se enamoren de su prima? El lector parte de esas premisas en sus expectativas, lo que hace muy difícil esperar un final feliz.
Fanny resulta ser una muchacha sensible y prudente, con unos principios muy fuertes que se mantendrán firmes incluso cuando todos los demás miembros de la familia ven que los suyos flaquean. La influencia de su primo Edmund será decisiva en la formación de su carácter y en su evolución dentro de Mansfield Park. Los amigos de la familia que van apareciendo ponen a prueba esos principios de las hermanas y hermanos pues reflejan los principales males de la alta sociedad: la ambición y la inanidad. Fanny, presionada por todos para que acepte a "un buen partido", resiste y finalmente demostrará que es la única que no se ha dejado engañar por la hipocresía y la falsedad de unos conocidos que nunca han tenido convicciones en las que asentar su forma de vida, fuera de la vacuidad.
Esta novela suena tan sincera que quizá sea la que mejor refleja la personalidad de Austen, sus convicciones, sus frustraciones, la rabia de tener que enfrentarse a unos prejuicios que encorsetan a las jóvenes de su época, siendo ellas más sensibles e inteligentes que los hombres que crean esas reglas.
Como narradora omnisciente, asoma, como en otras novelas, haciendo comentarios al margen de los personajes: "Y, no obstante, prevalecían en aquella unos principios deplorables que hacían el proyecto penosísimo para Fanny, independientemente (ella creía que independientemente) de sus propios sentimientos". También la ironía le permite alegrarse del destino final de Mrs Norris y de otros personajes no muy queridos por su autora.
Finalmente, me gustaría comentar la maestría con que Austen crea ambientes, que a veces producen claustrofobia y otras son verdaderos locus amoenus, y cómo los relaciona con los sentimientos del personaje, en esta novela psicológica, verdadero tratado de moralidad en el mejor sentido,  que nos invita a conocernos mejor a nosotros mismos.

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