jueves, 11 de octubre de 2012

Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo

Se plantea Vargas Llosa en este ensayo el cambio semántico que se ha producido en la palabra "cultura" en los últimos años. Cuando él era adolescente, se tenía la idea de que la cultura, la alta cultura, solo podían alcanzarla unos pocos, la elite de la sociedad. Luego se generalizó la necesidad de democratizarla, lo que empobreció la cultura con mayúsculas haciéndola cada día más insustancial, más banal, más "light", lo que para él es sinónimo de "idiota". La facilidad y la superficialidad favorecen llegar a más gente. El consumidor de esta cultura se siente culto, moderno, parece estar a la vanguardia.
Dentro de una tendencia general de la sociedad a cosificar al individuo entregándolo al consumo de objetos, la cultura se ha convertido en un objeto más. Su objetivo principal es facilitar la evasión; su característica principal es la evanescencia. "No aburrirse, evitar lo que perturba, preocupa o angustia, pasó a ser, para sectores sociales cada vez más amplios de la cúspide a la base de la pirámide social, un mandato generacional". Esta cultura del entretenimiento está terminando con la concepción tradicional del arte y la cultura. "La cultura es diversión y lo que no es divertido no es cultura". En el arte, se confunden valor y precio, y el único valor es el comercial. "Privilegia el ingenio sobre la inteligencia, las imágenes sobre las ideas, el humor sobre la gravedad, la banalidad sobre lo profundo y lo frívolo sobre lo serio". Hoy importa más la forma que el contenido, la apariencia que la esencia. "Como ya no hay manera de saber qué cosa es cultura, todo lo es y ya nada lo es".
Muchos escritores están desalentados porque los lectores actuales quieren libros fáciles y desdeñan "esos esfuerzos denodados que culminan en obras que exigen del lector una concentración intelectual casi tan intensa como la que las hizo posibles". El intelectual solo interesa en esta civilización del espectáculo si "sigue el juego de moda y se vuelve un bufón".
También el periodismo sigue la tendencia del espectáculo. "Porque no existe forma más eficaz de entretener y divertir que alimentando las bajas pasiones del común de los mortales".
La política está inmersa también en la civilización del espectáculo. Los mejores ya no quieren hacer política. Solo los mediocres, que buscan medrar, se interesan por ella. La consecuencia es que la sociedad se desinteresa de la política y, al generalizarse la corrupción, acaba por tolerar la inmoralidad.
La religión tiene una gran presencia en estos comentarios de ayer y de hoy que va ensamblando Vargas Llosa. Sus ideas sobre las creencias religiosas se resumen en dos: 1. "Todas las culturas, creencias y costumbres deben tener cabida en una sociedad abierta, siempre y cunado no entren en colisión frontal con aquellos derechso humanos y principios de tolerancia y libertad que constituyen la esencia de la democracia".
2. Las religiones son necesarias porque garantizan un comportamiento cívico y moral de los seres humanos.
 En su "Reflexión final", Vargas Llosa se muestra muy pesimista con el futuro no solo de la cultura sino también de la humanidad: "Me parece que tal deterioro nos sume en una creciente confusión de la que podría resultar, a la corta o a la larga, un mundo sin valores estéticos, en el que las artes y las letras -las humanidades- habrían pasado a ser poco más que formas secundarias del entretenimiento". La función de la cultura es dar respuesta a las grandes preguntas que se plantea el ser humano, despertar el espíritu crítico.
Hay por último una reflexión sobre los efectos indeseables que tendrá Internet en nuestro desarrollo intelectual. Nos estamos acostumbrando a "picotear" información, a leer fragmentos, a buscar solo la información que puede resultarnos útil,  de forma que pronto nos resultará imposible concentrarnos para leer libros enteros. "Cuando más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos". El medio es el mensaje. "La información audiovisual, fugaz, transeúnte, superficial, nos hace ver la historia como ficción, distanciándonos de ella (...). Esa es una manera de hacernos sentir tan impotentes para cambiar lo que desfila ante nuestros ojos en la pantalla como cuando vemos una película". "Vivimos en una época de grandes representaciones que nos dificultan la comprensión del mundo real". La consecuencia de todo ello será la creación de una sociedad anestesiada, pasiva, de hombres y mujeres resignados.
Vargas Llosa sabe divulgar unos vastos conocimientos que adquiere con la lectura de los intelectuales del presente, de los clásicos del pasado. Quizá deberíamos detenernos por un momento a reflexionar sobre esta civilización del espectáculo en la que vivimos antes de que nos engulla ese monstruo que nosotros mismos hemos creado.

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