viernes, 13 de julio de 2012

La segunda entrega de los "Episodios de una guerra interminable" tiene también como protagonistas a los maquis, pero hay una diferencia fundamental: el punto de vista se traslada de ellos a los habitantes de los pueblos de España que en la década de los cuarenta seguían sufriendo el enfrentamiento entre los dos bandos. Y el personaje que contempla, analiza y al fin entiende es un niño, hijo de un guardia civil, el lector de Julio Verne. La novela es un bildungsroman, un relato de aprendizaje que prepara a Nino para saber de qué lado va a estar en el futuro, cuando salga de su pueblo y se enfrente al mundo. 
Si en Inés y la alegría, además de la lucha, del trasfondo épico, presenciamos una historia de esforzado amor, en El lector de Julio Verne tampoco nos vamos a quedar solo con el enfrentamiento ideológico. Aquí hay también episodios amorosos llenos de lirismo y escenas costumbristas que se quedarán en nosotros de un modo indeleble (Nino y Elenita en su primera cita de adultos comiendo churros; la llegada al colegio con la botella de agua hirviendo para combatir el frío que da paso a la adolescencia porque es la superación de las piedras calientes que llevan los niños; las mentiras que tiene que inventar Nino para que su hermana pequeña no descubra el drama...). La violencia es aquí más terrible que en la primera novela puesto que se ejerce sobre civiles indefensos siempre sospechosos quizá porque sus padres o sus abuelos no fueron afectos al régimen. Es un relato tan realista que aparecen reflejados esos seres cobardes capaces de las mayores ignominias (el maestro, algunos guardias civiles, aquellos que persiguen a Pastora de por vida), pero también los héroes que vencieron el miedo por mantener la coherencia de sus principios morales (Pepe, doña Elena, Sanchís...). 
Al final de la novela un guiño de su autora nos permite enlazar a estos personajes con los de Inés y la alegría porque los maquis huidos acaban en el restaurante que Inés tiene en París y vemos al fin la procedencia del aceite tan apreciado allí.
El resultado es una novela redonda, contada con la precisión y la sencillez con que Almudena Grandes escribe siempre (algún error como la confusión de deber de y deber no puede ensombrecer lo dicho). Si acaso se le puede achacar que haya concluido con el innecesario capítulo IV en el que el propio Nino nos cuenta qué fue de su vida. Quizá hubiéramos preferido imaginar, concluir nosotros mismos ese episodio que, después de todo, estaba casi escrito.

2 comentarios:

Verónica dijo...

Marga, como no encuentro la manera de hacerte llegar una sugerencia, aprovecho la entrada de un libro que me ha encantado como casi todos los de su autora.

El libro que quería sugerirte es el de Una dios para un Rey. He aprendido con él, además, capítulos de la historia de España que no sé si desconocía o los tenía olvidados.

Marga dijo...

Muchas gracias, Verónica. Sigo tu blog y me encanta tu estilo.