domingo, 24 de junio de 2012

Jonathan Franzen, Libertad

Libertad es una novela muy norteamericana de 667 páginas que perfectamente podría prescindir de doscientas. ¿Merece la pena leer un libro tan local que hace la disección de una familia de clase media? Sí, sin duda, porque Franzen nos sitúa en nuestro tiempo, en nuestra época, nos habla de EEUU pero también del resto de la civilización occidental y, sobre todo, nos describe sentimientos universales, los que hacen felices y desgraciados a los Berglund. En mi opinión le sobra el excesivo detalle con que describe las operaciones ecologistas de Walter para preservar el hábitat de la reinita cerúlea, pero todo lo demás es necesario. La crítica considera que es la primera gran novela norteamericana del siglo XXI. Supongo que esa manía tan estadounidense de hacer listas de éxitos es la que lleva a esta consideración, a compararla con las obras de Faulkner o de Steinbeck. Puede que le quede grande la comparación. Tampoco creo que ese fuera su objetivo. Seguramente el fin era más modesto: "solo" pretendía indagar en los sentimientos individuales y grupales de una familia cualquiera en una situación cualquiera. No se trataba de poner a un grupo de seres extraños o marginales en una situación límite sino de explicar cómo nos relacionamos, cómo nos influimos, cómo decepcionamos a los demás, cómo somos incapaces de aprovechar la vida. La estructura nos permite ir pasando de un personaje a otro para conocer distintos puntos de vista, que son también distintas voces narrativas, diferentes perspectivas éticas. Pero además hay una evolución en el pensamiento de los personajes, que van madurando a fuerza de caer y levantarse. Franzen muestra un mundo de  soledad, egoísmo y odio, pero su conclusión es que el ser humano puede superar sus flaquezas y aprender a ser feliz. Las relaciones humanas están tan bien estudiadas, soportan un análisis tan profundo que los personajes se muestran reales, verosímiles como en pocas novelas. Patty a lo largo de los años va siendo distintas Pattys, tan sorprendentemente como en la vida real. No hay buenos y malos. Hay personajes con menor confusión, con unos valores morales más claros, como Lalitha, pero en definitiva todos son capaces de lo mejor y de lo peor, como en la vida misma.
En conclusión, creo que debo recomendarlo porque he pasado muy buenos momentos y me ha parecido un autor realmente sagaz, aunque os aconsejo que os saltéis sin remordimiento las páginas en las que el tedio os empiece a atrapar. Los primeros capítulos y las cien páginas finales -genial el estudio del comportamiento felino, la discusión sobre la prevalencia de los derechos de las aves sobre los de los gatos y la crítica a los seres como Linda, la vecina dueña de Bobby- son lo mejor de la novela. A ver qué opináis.

Crítica de El País

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