sábado, 19 de noviembre de 2011

Némirovsky, Los perros y los lobos

Siguen reeditándose novelas de Irene Némirovsky y, aunque ninguna supera a Suite francesa, no son obras desdeñables. En el caso de Los perros y los lobos, reaparecen temas que ya vimos en David Golder o en Nieve en otoño: el análisis de la idiosincrasia de los judíos, la radical soledad de algunos personajes, las diferencias sociales y económicas... La acción comienza en Ucrania y continúa en París, por lo que parece poseer tintes autobiográficos. Némirovsky nos sitúa ante las radicales diferencias sociales de la población judía, que está obligada a enriquecerse para superar una especie de sino trágico que le es inherente. Ese halo trágico terminará por impregnar todo lo que tocan, por "manchar" el mundo inmaculado de los ricos. La autora traza un perfecto retrato psicológico de Ada, una joven pintora sumida en su propio mundo y siempre al margen de lo que la rodea, puesto que en su interior vive una ilusión más auténtica y real que siempre la acompañará. Otros personajes no están tan bien estudiados, pero presentan personalidades muy humanas, como su marido, su tía, Madame Mimí... En el fondo, el libro habla de seres solitarios, de incomunicación, de destino... grandes temas que Némirovsky conoce muy bien.
La episodio del pogromo, que desencadena el acontecimiento principal, recuerda, por su intensidad, algunas páginas de Suite francesa.
Naturalmente, no es una novela perfecta, pero, en general, los pequeños defectos quedan minimizados por esa prosa tan envolvente que tiene su autora. ¿Qué opináis?

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