viernes, 22 de octubre de 2010

Stefan Zweig, Impaciencia del corazón. Círculo de Lectores

Desde luego, no es mi intención que este sea un blog de novedades literarias. Ya lo habréis notado. La voracidad con que esta época nuestra engulle los libros y las películas y los deja en los huesos está reñida con la morosidad que requiere el buen lector. Por eso no os extrañará que hable ahora de un libro como este, que fue publicado en 1939.
Stefan Zweig (1881-1943) fue un escritor austriaco cosmopolita y pacifista que viajó por Europa y América a lo largo de su vida y tuvo que enfrentarse a dos guerras. La Segunda Guerra Mundial le instaló en un terrible pesimismo al constatar la amarga realidad de la locura de los hombres, lo que le conduce -a él y a su esposa Lotte Altmann- al suicidio. Desde hace una década aproximadamente se están editando en España todos sus libros. No debéis perderos Veinticuatro horas en la vida de una mujer y El mundo de ayer.
Impaciencia del corazón también ha sido conocida en español como La piedad peligrosa. Trata sobre la relación entre el teniente Anton Hofmiller y la joven paralítica Edith. Ella se enamora perdidamente; él oculta sus verdaderos sentimientos llevado por la piedad. Las consecuencias serán terribles para ambos. Parece una historia muy tópica, pero la novela es mucho más que este esqueleto insustancial.
Está escrita en primera persona desde el presente en flash back. El protagonista, un militar condecorado durante la Primera Guerra Mundial, relata a un escritor al que apenas conoce las circunstancias que le llevaron a actuar tan valientemente durante la guerra. La historia desarrolla la cita inicial del libro: "Existen dos clases de compasión: una cobarde y sentimental que, en verdad, no es más que la impaciencia del corazón por librarse lo antes posible de la emoción molesta que causa la desgracia ajena, aquella compasión que no es compasión verdadera, sino una forma instintiva de ahuyentar la pena extraña del alma propia. La otra, la única que importa, es la compasión sentimental pero productiva, la que sabe lo que quiere y está dispuesta a compartir un sufrimiento hasta el límite de sus fuerzas y aun más allá de ese límite." (El subrayado es mío).
El teniente Hofmiller, joven ingenuo y compasivo, se ve, sin buscarlo, inmerso en los problemas de la familia Kekesfalva, cuya hija ha quedado inválida en plena adolescencia. Poco a poco va descubriendo el pasado oscuro del judío rico Kekesfalva, pero también el cambio que se ha producido en su vida. El teniente va paulatinamente convirtiéndose en indispensable para la joven Edith, lo que le hace sentir preso de su inicial compasión.
La obra alcanza el clímax cuando Edith le declara su amor -algo indecoroso en una sociedad como la que los contempla- y el teniente vive un infierno, se debate entre la vergüenza de compartir su vida con una tullida -la sociedad pensará que está con ella por su dinero- y el temor a hacerle daño. Finalmente, las circunstancias y su propia cobardía provocan un desenlace melodramático, pero coherente con los planteamientos del autor. Y es que esta novela no llega a ser un panfleto solidario y bienpensante porque realiza una profunda introspección en los sentimientos del protagonista, un ser humano real, inmaduro, inestable, influenciable, pero también piadoso, de ahí su tragedia.
El narrador también indaga en la personalidad del doctor Condor, un modelo de entrega consciente a los demás, que ha aprendido que "quien les dedique su vida los recompensa de lo que la vida les ha negado."
Edith tampoco es un personaje plano porque junto a su desesperación presenta una alegría adolescente y una entrega sincera al amor.
La estructura de la novela alterna los momentos climáticos y anticlimáticos.

blogs.21rs.es
 En cuanto al lenguaje, no llego a saber si es ajustado porque la traducción que yo he leído acude con frecuencia a frases hechas típicas del castellano, como "tomar las de Villadiego" y repite enfadosamente el adverbio indefectiblemente, no sé si fiel o no al original.
Por último, es muy interesante el monólogo interior del final, cuando el teniente, desesperado y borracho, llega al fondo de su visita al infierno.
En definitiva, es un buen ejemplo de novela psicológica -dentro de sus moldes totalmente tradicionales- que nos lleva a la reflexión y nos permite acercarnos a este gran autor. (Sacad los pañuelos porque vais a llorar.)

1 comentario:

Inés dijo...

Hace unos años descubrí a este autor y leí casi seguidas varias obras suyas: sus biografías de personajes históricos, como "María Estuardo", son, aunque prolijas, muy rigurosas e interesantes; "Carta de una desconocida" es corta, amena y sentimental, y para los más jóvenes, recomendaría indudablemente "Momentos estelares de la humanidad", una serie de relatos muy breves sobre instantes brillantes que cambiaron la Historia :)