jueves, 20 de mayo de 2010

Tomás Eloy Martínez, El vuelo de la reina. Alfaguara.
El vuelo de la reina es una novela  con una estructura perfecta, muy elaborada, que se desintegra y reconstruye para dar sentido a una historia terrible, la de Camargo, un personaje que tuvo una niñez desgraciada, casi inverosímil (su madre, enfermera de tuberculosos, le acariciaba con guantes de goma) que le marcó definitivamente.
Camargo, periodista de éxito muy rico e influyente, traslada su frustración a las mujeres que conoce. Especialmente convertirá en su víctima no a su primera mujer sino a una joven y ambiciosa reportera, Reina Remis, mujer maltratada, espiada, manipulada, cosificada por su amante, que en realidad no la quiere. Cuando Reina se libera de su maltratador, pues es un espíritu libre, Camargo la humilla hasta el extremo de hacerla violar por un inmigrante mendigo, enfermo de todas las enfermedades venéreas posibles, mientras ella duerme narcotizada por su amante. Ella, a pesar de la desesperación en que la sume, unida a la pérdida de cualquier posibilidad de trabajar, pues Camargo es muy influyente, parece que va a salir de su postración, en el momento en que el amante la mata.  Será también el principio del fin para Camargo, que queda inválido e impotente al poco tiempo hasta su propia muerte.
Lo más interesante de la novela, aparte del cuadro patológico que tan detalladamente nos presenta el autor, es la estructura. El libro comienza con la descripción detallada de un voayeur, Camargo, observando la ventana de enfrente con su telescopio. No sabremos hasta mucho después que es ella ni si él la conoce, aunque el autor nos hace creer que no, sin embargo, resulta ser Reina Remis. El espía cosifica a Reina, que es descrita como un simple cuerpo, que nunca será nada más para él.
Tras la primera noticia de la muerte de Camargo (hacia la mitad del libro), conocemos la relación de tres años entre Reina y él y así, linealmente, llegamos de nuevo a la ventana. Mientras, vemos un país, Argentina, gobernado por un dictador desalmado y dominado por hombres influyentes y corrompidos, también ridículos.
El título hace referencia evidentemente a la protagonista, pero también a Camargo,  y a la novela misma: “(Gilles) Delenze dice que la sustancia de toda novela (...) es un ser absurdo, extraño y desorientado, que no cesa de errar de acá para allá, sordo y ciego (...) Para él, una novela es una abeja reina que vuela hacia las alturas, a ciegas, apoderándose de todo lo que encuentra en su ascenso, sin piedad ni remordimiento, porque ha venido a este mundo sólo para ese vuelo. Volar hacia el vacío es su único orgullo y también es su condena”.

No hay comentarios: