miércoles, 26 de diciembre de 2012

Me alegra haber llegado antes al Leonardo Padura de El hombre que amaba a los perros que al autor del ciclo de Mario Conde. Aun mostrando un dominio léxico y sintáctico sin igual en ambos, existe una diferencia radical: la ambición. En El hombre que amaba a los perros había una intención de abarcarlo todo y de profundizar, algo que no he encontrado en La cola de la serpiente. No se trata de un defecto, puesto que el objetivo de las novelas policíacas no es indagar en los contenidos sino elaborar una compleja trama que atrape al lector como una tela de araña. ¿Consigue este fin La cola de la serpiente? Desde luego, la trama es bastante simple y, bien mirado, como lectora, tiene un papel secundario. A mí me interesan más los problemas vitales de Mario Conde, esa angustia existencial que intenta camuflar bajo una mirada libidinosa. La descripción de la china mulata Patricia Chion, el erotismo que aflora de ella en presencia y en ausencia, los comentarios procaces en tono zumbón que circundan la trama detectivesca son, en mi opinión, lo mejor de esta "noveleta", como la llama Padura. Destaca asimismo el marco espacial que ha elegido el autor, el Barrio Chino de La Habana, decadente, casi desaparecido, con una atmósfera llena de ecos del pasado, de historias de renuncias y ambiciones que muchas veces quedaron en nada... "Un lugar triste y percudido, maltratado y agonizante, allí, en el mismo centro de una ciudad que también vivía ese destino trágico y común". En este ambiente destacan Juan Chion y Francisco Chiú, compadres y amigos unidos para siempre por el cariño y la sangre que derramaron. Es, por tanto, una historia de fidelidad y de hermetismo, ingredientes adecuados para tapar los misterios. Pero, por encima de las normas del género negro, Padura habla de Cuba, de sus ilusiones truncadas, de su decadencia (como en El hombre...), y esa unidad en su obra es, desde mi punto de vista, lo que genera un estilo propio, apoyado, por supuesto, en un lenguaje rotundo, preciso, vital. Ese lenguaje personal es el que me animará a seguir leyendo las historias de Mario Conde. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

La atmósfera que crea en la novela, el ambiente del Caribe que opone al silencio y la quietud de Asia me pareció muy interesante. También el manejo que hace del lenguaje, la mezcla de jergas. Me divertí. Jana