miércoles, 8 de agosto de 2012

Auster, Tombuctú

Mr. Bones ha vivido toda su vida con Willy Christmas, por lo que solo ha tenido un punto de vista sobre el mundo, el de un amo exdrogadicto que padece alucinaciones y vive en la calle intentando ser un escritor íntegro  y hacer el bien a los demás. Es un perro muy inteligente, solo le falta hablar, de ahí que tengamos su perspectiva, puesto que la información que obtenemos procede de su percepción ("Tras escuchar esas historias durante los últimos siete años, ¿no se había ganado el derecho a que le considerasen primera autoridad mundial  en la materia?"). Ha sido bastante feliz con Willy, indudablemente un buen amo. El problema surge cuando Willy siente próxima la muerte y no quiere dejar solo a su fiel compañero. Al final, Mr. Bones, despojado incluso de su nombre, pasará por diversos avatares que le descubrirán otros mundos que están en este, otras vidas tan solitarias como la suya hasta que llegue la hora de la muerte, de viajar a Tombuctú, donde quizá le dejen volver a estar con Willy ("Cuando le llegara el momento de despedirse de este mundo, lo justo sería que en el más allá le permitiesen vivir con la misma persona que en el más acá").
Por la originalidad del punto de vista -los perros ya sabemos desde Cervantes que conocen mejor que nadie al ser humano-; por la reflexión que hace Auster sobre la vida y la soledad; por cómo profundiza en los sentimientos humanos (Polly tiene una presencia escasa y sin embargo sabemos todo de ella); por el sueño premonitorio de Mr. Bones, merece la pena dedicar unas horas a esta novela, no creo que os defraude.

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