lunes, 6 de febrero de 2012

David Foenkinos, La delicadeza

La delicadeza comienza con un encuentro fortuito, de novela, sigue con una muerte inesperada, muy real y termina con una huida también novelesca. Podría ser un cuento con final feliz si no se pareciera tanto a la vida, si el narrador no estuviera ahí constantemente para poner en su sitio a los personajes. 
En una novela titulada "La delicadeza" yo buscaría finura, elegancia, sentimientos sutiles, personajes delicadamente dibujados... Y algo de eso hay. Es sutil la relación entre Nathalie y Markus, aunque ellos son unos personajes bastante arquetípicos: la bella y la bestia, o casi. También lo es Charles y su matrimonio agonizante y la trepa de Cloe (quizá podríamos salvar a la abuela, aunque también puede pertenecer al tipo de ancianos en estado casi catatónico que se ponen en marcha como si tuvieran un resorte cuando les insuflan un poco de cariño y vuelven a sentirse útiles). Pero hay bastante más que delicadeza en esta novela, hay ironía, sutiles guiños, alusiones literarias, un tono humorístico que supone un contrapeso a la tragedia omnipresente, y hay magia. No sé si es una magia original o Foenkinos la ha tomado prestada de Rayuela, de hecho él no nos engaña, son varias las alusiones a Cortázar. Se trata de esa magia por la que los amantes se encuentran sin haberse citado, por la que dos seres complementarios acaban por unirse, la magia del amor. Y en esto coincide con una película a la que recuerda La delicadeza: Amélie, tanto en la magia como en el humor. Si añadimos las similitudes con La elegancia del erizo, ese buen tono, ese optimismo que irradian los personajes, la sutil ironía, el sesgo trágico inesperado... quizá estemos hablando de un estilo específicamente francés, o mejor, en lengua francesa, para poder incluir cualquier novela de Amélie Nothom. Todos son ejemplos de obras exitosas, ¿no será que estamos hastiados de hiperrealidad y  ávidos de un poco de magia?

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