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La palabra responde por el mundo. Hay mañanas en que oímos el mar, la tierra en ella. Es una cueva oscura, o un relámpago fijo. Noches que se iluminan con la palabra humana. ¡Un firmamento o voz! Pero a veces, muchas más veces, la palabra limita con el hombre, es el hombre. La palabra gimiendo, la palabra escuchando. (“Dime amor”). La palabra escupiendo, apostrofando, reuniendo. Clamando como solo una ardiente campana fundida y aún colgante, vibrando, reclamando, mientras todos los hombres a su voz se concentran, y hay un coro de brazos, de puños proferidos, una voz, y son todos.  La palabra es un hilo de voz, y es una madre.  Y es un niño esperando. Y es un padre en su fragua. Y es un carbón brillando. Y es un hogar que ardiendo quema las voluntades, y nace el hombre nuevo (...) (Vicente Aleixandre)
A partir de la terminación de la palabra anorexia , se han formado en español voces como  ortorexia , ‘obsesión por controlar la calidad de los alimentos que se consumen’; vigorexia , ‘trastorno del comportamiento que se caracteriza por la obsesión de conseguir un cuerpo musculoso’; tanorexia, ‘adicción al bronceado’; ebriorexia , ‘rechazo a la alimentación para compensar las calorías que aporta el alcohol’, o megarexia, ‘trastorno de las personas obesas que no se ven como tales y no se alimentan adecuadamente’. Pese a no figurar en el Diccionario académico, estas voces pueden considerarse válidas, ya que por su morfología y sentido son respetuosas con las reglas del español. Además, algunas de ellas, como ortorexia y vigorexia, ya están recogidas en diccionarios de uso como el Vox y o el de Seco, Andrés y Ramos. (Fundéu).
Oda “Al Céfiro”. Dulce vecino de la verde selva, huésped eterno del abril florido, vital aliento de la madre Venus, céfiro blando. Si de mis ansias de amor supiste, tú que las quejas de mi voz llevaste, oye, no temas, y a mi ninfa dile, dile que muero. Filis un tiempo mi dolor sabía, Filis un tiempo mi dolor lloraba, quísome un tiempo, mas ahora temo, temo sus iras. Así lo dioses con amor paterno, así los cielos con amor benigno, nieguen al tiempo que feliz volares nieve a la tierra. Jamás el peso de la nube parda, cuando amenace la elevada cumbre, toque tus hombros, ni su mal granizo hiera tus alas. (Esteban Manuel de Villegas)
El último tren se ha parado en el último andén, y nadie salva a las rosas. Ninguna paloma se posa en una mujer de palabras. El tiempo se ha acabado. El poema no puede más que la espuma. No creas a nuestros trenes, amor, no esperes a nadie en la muchedumbre. El último tren se ha parado en el último andén, y nadie puede retornar a los narcisos rezagados en los espejos de la penumbra. ¿Dónde dejaré mi última descripción del cuerpo que en mí habita? Todo ha terminado. ¿Dónde está lo que ha terminado? ¿Dónde vaciaré el país que en mí habita? No creas a nuestros trenes, amor, las últimas palomas han volado, han volado, y el último tren se ha parado en el último andén... y no hay nadie. Mahmud Darwish, Menos rosas . Traducción de Mª Luisa Prieto. Madrid, Hiperión, 2008.

Gloria Fuertes

La mitad invisible  (Pincha) Cuando me quedo sola, ya no me quedo sola. En mis dedos anidan tus sortijas, En mis brazos, que aún tienen la forma de tu cuerpo, danza un perfume que no existe en las flores. Tus palabras se han sentado a mi lado. Con tu sortija, tu cuerpo, tu perfume y. sobre todo, con tus palabras has desterrado provisionalmente, mi fanática soledad. (Historia de Gloria)

Javier Cercas, "Un monstruo omnívoro"

Artículo de El País Un magnífico artículo que explica qué distingue a los clásicos.